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Cómo ayudar a tu hija a que mejore su autoestima

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Muchas adolescentes se preocupan en exceso por su físico.

Guillermo Dellamary - publicado el 07/07/23

Aumenta el número de jóvenes preocupadas por su físico. Esto se convierte en un factor limitante. El psicólogo Guillermo Dellamary aporta soluciones para que padre y madre cuenten con recursos en la educación amorosa de sus hijas

Ha crecido el número de jovencitas que tienen miedo y preocupación por su cuerpo y su supuesta fealdad, lo que las lleva a creer que no tendrán logros sentimentales y amorosos o éxitos profesionales y sociales.

Lo peor del caso es que el espejo se convierte en la fuente de su peor autocrítica y se inventan todo tipo de fealdades, que las llevan a creer que con rígidas y crueles dietas, exceso de ejercicio o hasta cirugías estéticas, van a lograr modificar su percepción de su supuesta fealdad y desaprobación de sí mismas.

Simplemente no se aceptan como son, rechazan ciertas partes de su cuerpo, el exceso de grasa, la forma de su nariz, el cabello o su busto y caderas. Están inconformes con la dotación genética que les ha tocado y quieren modificar lo que se pueda, a como dé lugar.

La sensación de sentirse feas y poco atractivas, es un sentimiento aterrador.

Un clínico Italiano, Gustavo Pietropolli, ha abordado este tema de manera muy atinada y oportuna. Haciéndonos ver que el ideal de belleza es una invención de la era del narcisismo colectivo, que ha impuesto un modelo comparativo de lo que se considera bello y lo que raya en lo feo, acentuando la identidad en el cuerpo y no en el carácter o la personalidad.

El narcisismo ha imperado con esa necesidad exagerada de mirarse a sí mismas, especialmente por su cuerpo, por verse bonitas y reducir su preocupación al buen vestir, las joyas, el maquillaje o el corte de cabello. Una constante preocupación de cómo te han de ver los demás, una obsesión por la selfies o el cómo sales en las fotos.

Estos consejos ayudarán a que tu hija se sienta mejor y no viva con juicios críticos y negativos sobre sí misma:

 1. – Dejar de reducir la personalidad e identidad al cuerpo y a la apariencia. Sí es importante; pero no es ni lo más trascendente ni lo que más nos ha de preocupar. Porque la personalidad, la educación, la inteligencia emocional, los modales y, en fin, el desempeño integral como la simpatía y los valores que se tienen, cuentan mucho más.

 2. – Aceptarse a una misma y dejarse de estar comparando con las demás. Cada quien es como es y no hay que vivir envidiando ni imitando patrones y modelos que usan otras mujeres. Es mejor reafirmar tu propia forma de ser y arreglarte más a tu gusto, sin que lo hagas para agradar a los demás para buscar halagos.

 3. – Cuidar, más que tu apariencia, tu salud y especialmente la alimentación, para evitar caer en algunos de los trastornos tan comunes hoy en día, como la bulimia o la anorexia.

 4. – Borrar de la mente que se sienta fea, dejar de ser la juez y la peor crítica de sí misma. Ya no discriminar a las personas por feas o bonitas.

 5. – Aprender a vivir con una alta autoestima, sin que le preocupe lo que piensan los demás.

Superar el culto al cuerpo

Por muchas razones hemos caído en tener un excesivo culto al cuerpo, y en vez de hacer ejercicio para una mejor salud, hemos caído en la obsesión por vernos bien, por sentirnos atractivos y subrayar la apariencia física, como si esa fuera nuestra identidad o personalidad.

En realidad, el culto al cuerpo no es el propósito de los deportes, que si bien se busca una cierta perfección en el desempeño, más que en la apariencia, se tiene claro que el cuerpo es un instrumento, un medio para alcanzar los fines competitivos que se buscan.

No es un fin en sí mismo y, peor aún, para verse bien ante la mirada de los demás, y vivir temiendo ser criticada o devaluada por ciertos rasgos de la cara o el cuerpo, como ha llegado a suceder en miles de personas que se operan la nariz, con el fin de verse mejor. O llegar a someterse a cirugías estéticas más complicadas con tal de modificar ciertas partes del cuerpo, que se consideran feas o desagradables, para sí mismas, creyendo que con su modificación van a ser más atractivas.

El culto al cuerpo ha llevado a muchas  personas a descuidar su personalidad, su riqueza interior, sus emociones y en general su cultura, y todo por estar obsesionadas por su cuerpo y los atuendos que la hacen sentir mejor.

Es muy valioso el autocuidado; pero con hábitos saludables, tanto alimentarios como de ejercicio; pero con el enfoque del bienestar general, tanto físico como mental.

Amarse a uno mismo es valorar también las cualidades internas, como las fortalezas y logros, mucho más allá de la apariencia física.

La belleza no es un absoluto universal, sino solo un producto de los medios de comunicación y el entorno cultural actual.

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