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El impactante relato de un padre tras la muerte de su hijo: «Fue como si su alma saliera de él, directo al Cielo»

ALVARO

Cortesía

Benito Rodríguez - publicado el 17/10/22

Alvarito falleció este verano en Madrid. Tenía 8 años. Llevaba años luchando contra una enfermedad rara que le limitaba física, pero no espiritualmente. Hace un año estaba desahuciado, pero milagrosamente salió adelante. “Dios nos regaló un año más con él”- dice este padre, que relata la dureza de su pérdida y al mismo tiempo la paz de saber que su hijo "está en los brazos de la Virgen, viendo a Dios, pletórico".

La recta final. Álvaro Tello es músico. Su testimonio sobre cómo afrontó su familia la enfermedad de uno de sus tres hijos se hizo viral.

Ahora, relata en exclusiva para Aleteia cómo fue la muerte de Alvarito.

Junio de este año. El pequeño ya estaba asistido en casa, en una especie de UVI doméstica que pudieron montar gracias al Hospital Universitario Niño Jesús. Los últimos meses ya era un niño cuyas necesidades eran básicas, respirar y comer. Ese día amaneció ya «muy malito».

Álvaro llamó al hospital y raudos acudieron los de paliativos. «Después de varias horas muy justo de oxígeno, lo llevaron en ambulancia. Yo, cuando salíamos de casa, intuía que Alvarito ya no volvía. Ingresamos y estuvimos 10 días en Paliativos», relata Álvaro.

ALVARO
Alvarito con uno de sus hermanos.

Gracias a que su habitación estaba en la planta baja cerca de un patio ajardinado, la familia se tomó esos días como una recta final muy especial, para vivir esos últimos días en familia: «Comíamos en el jardín. Recogía a los niños del cole y allí merendamos y pasamos todos juntos la tarde. Por la noche, Ana o yo volvíamos con los hermanos a casa. Parecía casi vacaciones».

Primera Comunión

Estando ingresado, ocurrió otro pequeño milagro. El padre cuenta cómo pusieron un crucifijo sobre la cama de la habitación del hospital donde estaba ingresado Álvarito. Una enfermera -que resultó ser monja- les preguntó por su fe y cómo estaban viviendo estos delicados momentos. «Nos preguntó si había tomado la Primera Comunión. Le dijimos que no, que no tuvo oportunidad. Y ella habló con el capellán. Falleció el 28 de junio, pero tomó la Comunión dos días antes. Como no podía tragar, le dieron la Comunión con la Sangre de Cristo. Le pusieron las gotitas de sangre en la lengua», y fue una pequeña celebración en el hospital: «Hasta fuimos con las guitarras y los primos», recuerda sonriente. 

«Era un alma pura y perfecta. Había recibido los santos sacramentos. Tenía los papeles más en regla que nadie para ir directo al Cielo».

La muerte de Alvarito

Se habían preparado. Sabían que «Alvarito no estaba hecho para este mundo» y que estaba listo para volver a Dios. El padre relata el momento en que pasó a la otra vida. «Estábamos todos a su alrededor. Su hermano estaba con en la cama. Cuando se fue, el momento en que murió, fue como si su alma saliera de él. Lo mirábamos y decíamos se ha ido. Y entendimos que ese cuerpo ya no era Álvaro. Ese momento me sigue viniendo, como super misterioso. Sentías que ese cuerpo ya no era él».

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Funeral de Alvarito en El Pilar.

¿Cómo lo sobrellevan?

Álvaro se sincera. Es muy duro: «Pienso en la gente que no tenga fe y pase por esto, qué fácil es caer en la desesperación. Con la fe tienes fuerza».

«Sé que lo entenderé cuando nos vayamos. Con mucho esfuerzo le digo Señor me fío de Ti.»

Lo define como «una especie de montaña rusa, con días mejores y otros que cuesta más. Mucha gente nos dice que como tenemos otros dos hijos… pero no es consuelo. Es verdad que tiran de ti. Al final no terminas de entenderlo, pero sé que lo entenderé cuando nos vayamos. Con mucho esfuerzo le digo Señor me fío de Ti. Si no, te vuelves loco”.

En los peores momentos, Álvaro se recrea imaginando a su hijo en los brazos de la Virgen María, junto al Señor: «Te recreas en eso y te alivia muchísimo.» 

El funeral

Hace varias semanas celebraron el funeral por Alvarito en la iglesia Santa María del Pilar, en el colegio del mismo nombre de Madrid. Allí estudiaba el pequeño.

«Lo preparamos como si nos fuéramos a encontrar con Alvarito». Y se notó. La iglesia estaba abarrotada de familias enteras, con niños pequeños, compañeros del colegio, de sus hermanos, amigos. Junto al altar, el coro en el que cada domingo tocaba Álvaro con buenos amigos, y con los niños sentados allí como hacía él con su pequeño.

Fue una celebración muy emotiva. Un regalo para todos los que asistimos. Y todos con la certeza de que Alvarito estaba en hilo directo desde el Cielo.

El broche final, tras un vídeo de recuerdo al pequeño, lo puso la enfermera que hizo posible que el pequeño tomara la Primera Comunión. Ella fue la encargada de leer la carta que la familia había escrito a su hijo. Un mensaje de amor y un hasta pronto.

La carta de su familia

«Carta de mami, papi, Andrés y Jaime para Alvarito en el día de su Misa de Gloria.

Querido Álvaro, ya han pasado 86 días desde tu partida. Tu muerte nos dejó un profundo vacío, aunque nos consuela saber que ya estás en el Cielo y que nuestras almas estarán unidas para siempre. Tenemos la certeza de que lo que aquí llamamos muerte es en realidad el despertar. Tú ya has comenzado la verdadera vida, te liberaste de tu cuerpo y ya eres libre. Estás en tu nueva casa divina, en el amor de Dios, donde nos esperas pacientemente para decirnos de nuevo: mamá, papá, Andrés, Jaime… mi amor, porque el tiempo nos volverá a unir y seremos juntos felices. 

Tu vida aquí en la tierra fue la de un gladiador, luchando y agarrándote a la vida desde que naciste el 29 de noviembre de 2013. Ganaste tantas batallas… nos demostraste tanta valentía… luchaste hasta el último segundo, hasta que no pudiste más y decidiste descansar. 

Ni tu vida ni tu muerte fueron en vano, sino que vinieron a darle forma y a llenar de significado nuestras vidas: lo pequeño se volvió grande y lo insignificante se volvió apreciable. Tú nos enseñaste a ver con el corazón, a abrazar la Cruz y a ser felices en la adversidad, con el viento de cara; una familia feliz, porque llenaste nuestras vidas de amor, y nos hiciste ver que la felicidad se encuentra en las cosas pequeñas, que no hay que ir a buscarla más lejos. Aquí estamos de paso y tenemos que vivir mirando al Cielo, porque lo mejor vendrá allí, donde tú ya estás. 

Jamás, pero jamás, y esto tenlo muy claro, te vamos a olvidar, eso es imposible porque sigues a nuestro lado sonriendo, con tu sonrisa, la misma de siempre, la más bonita del mundo. Ahora que estás allí donde todo es amor y alegría para siempre, ahora que estás con Jesús, habla con Él para que nos dé consuelo a todos los que te amamos, porque aunque pase el tiempo, siempre serás nuestro pedacito de cielo, nuestro Panchi. 

Gracias Dios, Padre bueno, por habernos elegido como familia para Álvaro. Una vida eterna para nuestro niño, un alma pura y perfecta. Te queremos mucho: Mami, papi, Andrés y Jaime».

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