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San Francisco y Santa Clara: lograr una amistad en santidad

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Mia Schroeder - publicado el 10/08/23

En la historia han existido muchas amistades que conocemos de manera publica; pero son contadas las amistades santas, aquellas que te acercan a Dios y te ayudan en el camino de la fe

Actualmente vemos en la televisión y las redes sociales mucho contenido sobre la vida de las celebridades, incluso conocemos quiénes son sus amigos, a dónde salen, qué hacen y todo lo que ellos quieren compartir con su audiencia.

La desventaja de estar tan expuestos es que las cosas no siempre resultan ser lo que parecen y se llegan a conocer discusiones, infidelidades y traiciones en esas amistades que, en ocasiones, se vuelven referentes para muchas personas. Pero ¿cuál es la raíz del problema? Quizá es que no se busca la santidad, ni un acompañamiento de la mano de Dios.

Hoy en Aleteia te compartimos la historia de amistad de dos santos, con tres claves infalibles que puedes poner en practica para tener una amistad santa, inspirada en San Francisco y Santa Clara de Asís.

1Renuncia y confianza

San Francisco de Asís era hijo de un comerciante, cuya prosperidad le hizo pertenecer a la élite de las familias italianas de esa región; sin embargo, san Francisco, desde joven, abandonó los bienes que por derecho de heredad le correspondían y se dedicó al servicio de Jesucristo, consagrando su vida a atender a los enfermos y a las personas más necesitadas.

Por intermedio de unos familiares de santa Clara, San Francisco de Asís y ella pudieron conocerse. San Francisco vio que aquella joven era una verdadera devota de Dios y la incluyó entre sus seguidores.

Aparentemente hay una gran diferencia entre Clara y Francisco. Ella perteneció a una familia noble, que en Asís estaba en conflicto con los burgueses ricos que querían apoderarse de la ciudad, clase a la que perteneció Francisco.

Si bien Clara confió plenamente en Francisco, hasta el punto de dejar a su familia para reunirse con él, sin temer el escándalo que esto provocaría, siguió siendo totalmente dueña de sí misma. Siguió a Francisco, pero a su manera.

En la escuela de Francisco, Clara descubrió que la pobreza está en el corazón del misterio de la persona de Jesucristo, y que la elección de la pobreza para ambos está dictada por el amor.

2Compañía y respeto

Clara era una de las pocas figuras femeninas con las que se encontraba Francisco. Aunque nunca escribió nada sobre ella, sus amigos cuentan que solo ella le ayudaba a discernir cuando tenía que tomar una decisión importante. Así, cuando Francisco dudaba entre retirarse a rezar o volver a proclamar el Evangelio entre los hombres, fue al monasterio de Clara a meditar y rezar. En los momentos más sombríos de su vida, siempre encontró consuelo, paz y luz en ella.

Francisco aceptó que ella siguiera su ejemplo y abrazara la pobreza, respetó su deseo de vida consagrada y no la animó, como a sus hermanos, a anunciar el Evangelio por los caminos, o a ocuparse de los leprosos. De este modo, cada uno iluminó y respetó el carisma del otro.

3Amor a Dios y santidad

Benedicto XVI, en su catequesis dedicada a Clara de Asís en 2010, subrayó esta amistad espiritual que permitió, a los dos santos de Asís, realizar plenamente su potencial.

«Cuando dos almas puras y enardecidas por el mismo amor a Dios se encuentran, la amistad recíproca supone un estímulo fuertísimo para recorrer el camino de la perfección. La amistad es uno de los sentimientos humanos más nobles y elevados que la gracia divina purifica y transfigura».

Los dos unían grandes pasiones: por Cristo pobre y crucificado, por los pobres, especialmente los leprosos, y del uno por el otro. El amor por Cristo y por los pobres no disminuía en nada el amor profundo que los unía, mostrando que entre las personas que se consagran a Dios y al servicio de los otros puede existir verdadero amor y relaciones de gran ternura.

Sin duda un ejemplo de amistad santa

San Francisco de Asís y Santa Clara fueron ejemplos de cómo el amor entre un hombre y una mujer puede sostenerse bajo los pilares del poder divino, transcendiendo los deseos de la carne y llegando a cultivar una verdadera fraternidad.

En lugar de mirarse el uno al otro, Clara y Francisco miraron en la misma dirección. Y se sabe cuál fue para ellos esta «dirección»: contemplaron al mismo Dios, al mismo Señor Jesús, al mismo Crucificado, misma Eucaristía, pero desde «ángulos» diferentes, con dones y sensibilidad propios. Juntos percibieron más de lo que habrían podido hacer dos Franciscos o dos Claras.

San Francisco y Santa Clara de Asís vieron consolidado su amor en la obra de Dios y en la actualidad ambos son venerados en todo el mundo.

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