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Espiritualidad
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El hombre que sintió que tenía vocación de monja

praying young man

ArtOfPhotos / Shutterstock

Claudio de Castro - publicado el 13/02/23

En su primera homilía, un sacerdote confiesa lo que vivió en un convento de religiosas y la respuesta de Dios que llegó más tarde

Me encanta compartir contigo buenas noticias. De las malas hay abundantes y suficientes. Y cuando encuentro en las redes algo interesante me emociona poder plasmarlo en esta página de Aleteia, para ti.

Creo que te he contado que sigo algunos sacerdotes en Twitter. Me ayuda a descubrir su humanidad y también la dulce presencia de Jesús en sus almas.

Esta mañana al abrir mi cuenta de Twitter me encontré con este simpático mensaje del Padre Israel:

Me llamó la atención. Cuando leas la maravillosa historia que relata, comprenderás.

A pesar tantas dificultades, llegó a ser sacerdote.

Imagino cómo fue la noche anterior a su primera misa, cuánta ilusión…

Leí su homilía. Me encantó por su profundidad, anhelos de santidad y porque está llena de «ternura» e historias cotidianas, al mejor estilo de Don Bosco, quien solía siempre incluir anécdotas y vivencias en sus homilías para que llegaran al corazón de los fieles.

Creo que es una homilía que no pierde vigencia y se mantiene en el tiempo, edifica y nos ayuda a reencontrar el sentido de la vida y el deseo de santidad, más allá de lo que nos ofrece este mundo.

HOMILÍA en la casa madre de las Hermanas de la Cruz, 6 de septiembre de 2010

Queridas hermanas:

Os voy a confesar un secreto: hace algo más de diez años que vine a esta santa casa por primera vez.

Fue a una primera misa como hoy, y me sucedió una experiencia inexplicable y extrañísima. Todo fue sobrecogedor para mí. Desde veros sentadas, hasta el olor de la casa.

Tal fue mi impresión, que al salir por la puerta del convento finalizada la misa, experimenté una gran nostalgia por irme; no quería. Había encontrado algo que buscaba y sentía la necesidad de quedarme.

¡Qué locura! ¡Cómo ser yo hermana de la cruz, si Dios me había hecho varón!

Durante mucho tiempo no supe el porqué de esta experiencia, hasta que comprendí, antes de entrar en el seminario, arrodillado ante santa Ángela, que el Señor, por medio de vosotras, había despertado en mí la llamada a ser SANTO.

¿Y cómo ser santo?

Mi abuelo era artista. Cuando yo era niño, hizo un nacimiento con sus manos, del que hoy solo queda el pesebre, una cunita de palos de madera y que, proféticamente, tiene en la cabecera una cruz de palo.

Esta es la santidad a la que me llamaba el Señor y a la cual tanta resistencia he puesto siempre en mi vida: unir su gran misterio de amor de nacer siendo uno de nosotros y redimirnos en una cruz.

Me llamaba a aceptar mi cruz: la de ser huérfano y vivir en una sola habitación con mis abuelos y mi hermana y además, ser un buen cristiano.

Hasta los 16 años, no quise y me resistí. Renegaba de esta vida y le echaba en cara a Dios su error conmigo, pues esa vida no me gustaba ni la quería.

¿Qué ha pasado para que hoy esté aquí recién ordenado sacerdote?

¿Qué ha pasado? Nunca habrá palabras que lo expliquen. Igual que el enamorado descubre el amor hacia la amada, así, un día descubrí en mi corazón que Dios me amaba tal como soy y para siempre.

Fue entonces cuando comprendí que me llamaba a seguirlo, a dejar mis estudios en la universidad, mis amigos, una posible vida matrimonial, y algún día a mi abuelita a quien amo con todo mi corazón y más. Pero Él es el único que me sacia por completo, y sí: me había seducido.

De este modo, descubrí que la felicidad sólo estaba en Cristo y dejé de buscar más: cuando uno encuentra lo mejor, ya no quiere seguir buscando.

Acudí a María para que me enseñara a decir siempre SÍ

«¿Quién es Ella para ti?», me preguntó un día mi párroco, que hoy está en el cielo. Y le dije: «Es mi Madre; yo así la siento en mi abuela y en mi madre, que murió cuando sólo tenía 5 años; ella siempre ha cuidado de mí y me ha llevado a Cristo».

Matka Boża z Dzieciątkiem

En el año 2003, en Madrid, en el encuentro de jóvenes por la canonización de santa Ángela, sentí que Dios me interpelaba: «¿Qué haces con tu vida?«.

Yo no era feliz, y me dijo por boca de Juan Pablo II: «¡No tengas miedo, dar la vida a Cristo vale la pena, y te llena completamente el corazón! Sólo Él tiene el secreto de la felicidad verdadera».

Descubrí el sentido de mi vida, Cristo, en los que sufren y en los pobres, como yo lo era y soy.

Él me envía a hacerlo presente con su amor en los más débiles, a decirles con obras y palabras que Jesús no es ajeno a sus dolores, que Él los ama como nadie.

Dios me ha hecho feliz

Hoy soy muy feliz: decir sí al Señor, me ha hecho feliz. Cristo me pedía mi tiempo y mi juventud, que el amor que había recibido gratis lo diera a los demás, en especial a los que más sufren, los enfermos y los pobres.

Ser sacerdote es un modo maravilloso de realizarse y servir a los demás llevándoles a Jesús.

Ahora no sé vivir sin Cristo. Es cierto que no ha sido fácil.

En las dificultades en casa y en especial en tener que cuidar de mi abuela, he tenido que discernir si mi fe, mi vocación, era verdadera o era una farsa.

Cuando me levantaba varias veces en la noche a llevarla al baño, sólo me ayudaba pensar que era a Cristo mismo, el que caminaba con la Cruz hacia el Calvario, al que acompañaba como un cireneo.

Sin miedo

Queridas hermanas: cuando estos días veo a mi sobrino, con apenas unos días de vida, experimento que no somos de aquí, hay que nacer de nuevo, somos ciudadanos celestes, del Cielo.

No tengáis miedo de ser santas, ¿para qué queréis vuestras vidas sino para ser santas?

El «no ser, no querer ser; pisotear el yo, enterrarlo si posible fuera» se completa con el «ya no soy yo, es Cristo quien vive en mí» de san Pablo.

El mismo Cristo que vivió en Nazaret y Galilea, hoy se va a hacer presente aquí para ti y para mí, por medio de mis manos de barro.

Hoy, este gran Misterio Celeste se hace presente aquí, Cristo VIVO en la Eucaristía nos acerca a la vida eterna a la que estamos llamados.

No tengamos miedo seamos santos, Madre María de la Purísima nos ha enseñado que es posible: ¡ÁNIMO!

P. Israel Risquet

¿Qué te pareció? Cuéntame. A mí me gusto muchísimo y me edificó. Escríbeme. Te dejo mi email personal: cv2decastro@hotmail.com

Me quedo con este hermoso llamado del Padre Israel en su primera homilía:

«No tengáis miedo de ser santas, ¿para qué queréis vuestras vidas sino para ser santas?»

¿Me permites pedirte un favor? Esta noche reza por este buen sacerdote que sueña con ser santo para Jesús, y por todos nuestros sacerdotes y los que algún día lo serán, para que anhelen siempre la santidad.

¡Dios te bendiga!

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