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¿Sabías que «Los tres cerditos» surge de una epístola de San Pablo?

ERASE UNA VEZ

Ediciones Encuentro

Vidal Arranz - publicado el 01/02/23

Diego Blanco Albarova explica las conexiones y ecos entre los cuentos populares y el cristianismo en "Érase una vez. El Evangelio en los cuentos"

Posiblemente fue Tolkien el primero que se dio cuenta. «Los cuentos tienen un eco del Evangelio en el mundo real», afirmó el célebre escritor británico, autor de El Señor de los Anillos. 

Pero no ha sido el único en destacarlo. Bruno Bettelheim, autor del célebre ‘Psicoanálisis de los cuentos de hadas’, reconoció, desde una posición completamente distante de la religión, que estos relatos se crearon en una época en la que la fe era lo más importante en la vida de las personas y, por eso, «todos ellos tratan, directa o indirectamente, de temas religiosos». 

Más prestigioso, aunque menos conocido, el lingüista Vladimir Propp, autor de ‘Morfología del cuento’, el libro clave para entender las formas del cuento tradicional, asegura sin vacilación que «en los cuentos maravillosos, las formas fundamentales están claramente vinculadas con representaciones religiosas».

DIEGO BLANCO

Pero probablemente nadie había desarrollado esa conexión tan detalladamente como Diego Blanco Albarova en su reciente ensayo ‘Érase una vez. El Evangelio en los cuentos’ (Ediciones Encuentro) en el que descubrimos, por ejemplo, que el relato tradicional de ‘Los tres cerditos’ surge directamente de la primera carta de San Pablo a los Corintios.

«Algunos cuentos funcionan como relatos explicativos de los Evangelios o de algún aspecto de la fe», explica Diego Blanco, que pone como ejemplo los midrash judíos, que son cuentos que explican o desarrollan algún aspecto de la Biblia. 

En el mundo cristiano, ‘Los tres cerditos’ podría ser el mejor ejemplo de un relato que acerca a los niños de forma gráfica y narrativa un aspecto esencial de las creencias religiosas. En este caso inspirado en la predicación de San Pablo que, apoyándose en la metáfora de la casa y el arquitecto, anima a construir una vida y una fe sólidas capaces de resistir al pecado.

ERASE UNA VEZ

«Que cada cual se fije bien de qué manera construye», explica San Pablo en su epístola. «El fundamento ya está puesto y nadie puede poner otro, porque el fundamento es Jesucristo. Sobre él se puede edificar con oro, plata, piedras preciosas, madera, pasto o paja» y el día del Juicio la calidad de la obra de cada uno «se revelará por medio del fuego» y decidirá el veredicto.

El cuento desarrolla esta idea en forma de un relato dirigido a los niños en el que se los anima a que su ‘casa’ tenga cimientos sólidos, capaces de resistir la tentación que representa el lobo.

No es ésta una conexión circunstancial o anecdótica. Aunque ‘Érase una vez’ desarrolla únicamente el análisis religioso de diez cuentos célebres, su autor tiene escritos muchos más. 

Ciertamente, no en todos los casos los cuentos recogen tradiciones cristianas, pues también puede haber ecos de la religiosidad pagana previa. Y los cuentos árabes -como ‘Las mil y una noches’- están inspirados en el islam de modo similar.

«El primer cuento en el que yo reconocí ese eco del Evangelio del que hablaba Tolkien fue en ‘Blancanieves’, que es un ejemplo arquetípico», explica Diego Blanco. 

En este relato nos encontramos con una joven princesa que es tentada con una manzana venenosa que ella toma desobedeciendo la orden de los enanitos de no hablar con nadie del exterior, ni dejarle entrar en la vivienda. 

Este episodio concreto del cuento evoca inequívocamente el de Eva y la serpiente del paraíso del Génesis. Y la conexión es tan profunda y popular que el cuento es responsable de que todos estemos convencidos de que la fruta prohibida que Eva comió fue una manzana, pese a que la Biblia no lo especifica.

Es un ejemplo del tipo de conexiones que se han ido produciendo a lo largo de la historia. Pero hay muchos más. 

De hecho, las vidas de santos son a menudo también fuente de inspiración para cuentos de hadas. Y así, por ejemplo, la historia de la joven Rapunzel, que es encerrada en una torre de la que escapa gracias a sus largos cabellos, se inspira en Santa Elena. 

Pero volvamos a ‘Blancanieves’, porque allí encontramos algunas de las claves esenciales para abordar la interpretación religiosa de los cuentos maravillosos o cuentos populares. 

«En los cuentos, la figura de la princesa es una metáfora del alma», explica Blanco, quien se apoya en la convicción de San Juan de la Cruz de que el alma es más bien femenina.

Pero es que, además, el «príncipe salvador es Jesús», y todas las figuras como brujas, dragones, lobos o monstruos, son representaciones del mal, el diablo, o la tentación del pecado.

En el cuento de ‘San Jorge y el dragón’, extraordinariamente popular en toda Europa, nos encontraríamos con lo mismo. Bajo la trama narrativa de una princesa capturada por un monstruo y rescatada por un príncipe late la historia evangélica de la salvación. Una historia en la que todos, mujeres y hombres, somos la princesa cautiva por el pecado.

La mayor parte de estas claves son hoy ignoradas o desconocidas por quienes leen los cuentos, que cada vez más tienden a interpretarse desde claves que no respetan su sentido. O sus múltiples sentidos, porque tienen varios niveles de lectura.

Un ejemplo. Desde hace mucho tiempo se han impuesto las versiones edulcoradas y sin aristas de los cuentos, en las que se suprime buena parte de su violencia y drama. Se hace, se nos dice, para no traumatizar a los niños, pero ¿es esto adecuado?

«Chesterton tenía claro que no. Y yo también. El miedo habita en el niño desde que es niño y los cuentos le dan una forma de vencerlo. El niño tiene miedo al dragón que está dentro de él y el cuento le da un San Jorge», explica el autor de ‘Érase una vez’.

Cuando manoseamos sin criterio relatos que han probado su eficacia en niños de todo tipo durante cientos de años el resultado «no es que hagamos al niño más racional, sino que le privamos de ayuda y le dejamos luchar solo con sus demonios».

Otra vía de ataque a los cuentos tradicionales procede de la ideología ‘woke’, una visión política de la existencia que busca reescribir o replantear críticamente los grandes relatos de la cultura occidental desde el convencimiento de que son instrumentos de transmisión y legitimación de injusticias.

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«Es importante defenderse de estas relecturas porque la narrativa es muy importante. Todas las ideas e ideologías actuales se transmiten por la vía de las relatos y fantasías (películas y series) porque filosóficamente, o biológicamente, no se pueden sostener», explica Diego Blanco.

Los relatos movilizan sentimientos e impresiones que no siempre son situados en contexto y que pueden tener objetivos políticos. «La escena del aborto clandestino de ‘Dirty dancing’ ha hecho más por la legalización del aborto que cientos de discursos o documentos». Aún más claro es el ejemplo de la película ‘Mar adentro’, de Alejandro Amenábar, en relación con la eutanasia.

Frente a esta invasión ideológica que coloniza las narraciones y que busca, en muchos casos, invertir el código moral que ha regido hasta ahora, Diego Blanco ofrece algunos consejos de autodefensa para padres preocupados por sus hijos.

El primer de ellos está en relación con los cuentos de hadas, los cuentos populares de toda la vida. «Hay que buscar cuentos puros, sin retocar, ni para suavizarlos, ni para modernizarlos».

El segundo invita a «desconfiar de aquellos libros o productos audiovisuales en los que el protagonista es un monstruo (un vampiro, por ejemplo); hay que desconfiar de los relatos que presentan a los monstruos de siempre como los buenos».

Y finalmente, Diego Blanco anima a los padres a ver la televisión con sus hijos, porque más efectivo que prohibir es estar presente y comentar lo que se ve. «El objetivo no debe ser que el niño no vea o no haga, sino que tenga un foco moral que le alerte de que eso está mal». No se trata tanto de intentar evitar el conflicto como de preparar al niño para que pueda afrontarlo.

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