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María de la Consolación Azlor: La duquesa heroína de los Sitios de Zaragoza

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MARIA DE LA CONSOLACION AZLOR

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Sandra Ferrer - publicado el 27/01/23

Convirtió su palacio en hospital y luchó en defensa de las tropas españolas durante la Guerra de Independencia

Los conocidos como Sitios de Zaragoza pusieron en jaque a la población, como en tantos otros puntos de la geografía española durante la invasión de las tropas napoleónicas. Además de los ejércitos, las mujeres también fueron clave con muchas tareas en la retaguardia. Desde el abastecimiento hasta la cura de heridos, mujeres de todas las condiciones se unieron en una lucha común.

De entre todas estas mujeres, destacaron algunas convertidas en símbolo, como Agustina de Aragón. Pero existen muchos otros nombres de campesinas, trabajadoras, monjas y damas que demostraron gran coraje y valía.

Consolación de Azlor era una señora de Zaragoza, una condesa elegante y refinada a la que no le tembló el pulso a la hora de convertir sus salones de riqueza y cultura en cobijo de enfermos y heridos. No fue la única hazaña que realizó.

María de la Consolación de Azlor nació el 12 de mayo de 1775 en Gerona, donde su padre, militar y gobernador, había sido destinado. Poco después de su nacimiento, Manuel Azlor de Aragón y su esposa Petronila Tadea de Villavicencio marcharon con sus dos hijas, Consolación y Pilar a Pamplona, tras había sido nombrado virrey de Navarra.

A su muerte, las tres mujeres se trasladaron a vivir a Zaragoza. Aquellos primeros años, María de la Consolación vivió rodeada de lujos y recibió una esmerada educación. En poco tiempo se convirtió en una joven elegante que participaba en los salones más selectos de la ciudad.

Cuando el 12 de mayo de 1794 se casó con Juan Crisóstomo López Fernández de Heredia, María de la Consolación se convertía en condesa de Bureta. Los condes tuvieron dos hijos, un niño y una niña, y vivían felices en Zaragoza hasta la inesperada muerte de un infarto de Juan. El marido de María de la Consolación fallecía en 1805 dejando a la joven condesa viuda, con dos hijos a su cargo, y con la difícil tarea de gestionar y gobernar las extensas propiedades de su difunto marido.

Tiempo después, conoció a un abogado y alcalde del Crimen de la Real Audiencia de Aragón, Pedro María Ric, del que se enamoró y volvió a recuperar la ilusión. Sin embargo, los tambores de guerra tuvieron que dejar a un lado sus sueños. En el verano de 1808 las tropas francesas pusieron en jaque a la ciudad que fue pronto sitiada.

Sin pensárselo dos veces, la condesa de Bureta puso su lujoso hogar al servicio de las tropas y de la población civil. Sus salones se convirtieron en un hospital improvisado y en refugio para aquellos que lo habían perdido todo. Con su fortuna les dio de comer y consiguió medicinas para los enfermos y heridos.

María de la Consolación colaboró con otras mujeres que también se habían volcado en la ayuda sanitaria y logística. Así, cuando el hospital de Nuestra Señora de Gracia en el que trabajaba con incansable tesón la religiosa María Ràfols fue bombardeado y reducido a escombros, le ayudó a recolocar a los ingresados que habían sobrevivido en su propia casa.

Sin descansar ni un minuto, la condesa salió también a las calles a arengar a las tropas y animar a la población a continuar resistiendo. Su ejemplo y su ayuda fue de una importancia clave en aquellos momentos en los que la desesperanza se apoderaba fácilmente de muchos.

Poco después de finalizar el sitio, María de la Consolación Azlor y Pedro María Ric se casaban en la Iglesia de San Carlos. Sus primeros días como marido y mujer los pasaron ayudando a reconstruir una ciudad devastada por la guerra.

Pocos meses después, Zaragoza sufría un segundo sitio y de nuevo volvió a ayudar en todo lo que pudo. Y eso a pesar de que, a causa del esfuerzo constante había sufrido un aborto dejando su cuerpo muy debilitado. Estando en cama, no dejó de trabajar cosiendo vendas con sus ricas telas. Cuando pudo volver a ponerse en pie, María de la Consolación regresó a la lucha como ya hiciera durante el primer sitio.

En febrero de 1809, la pareja marchó primero a Huesca y después a Cádiz, donde su marido había sido nombrado diputado a Cortes por Aragón. Allí la pareja, los dos hijos de María y la pequeña Pilar que acababa de nacer, vivieron en una situación de penuria económica. Años después, en 1813, regresaron a Zaragoza, donde Fernando VII no dejó pasar la ocasión de mostrar sus respetos a una de las que ya era considerada heroína de los Sitios y le mostró su intención de apadrinar al bebé que estaba esperando. El niño nació el 4 de diciembre de 1814, falleciendo pocos días después. La madre seguiría su mismo destino. El 23 de diciembre de 1814, la condesa de Bureta fallecía tras complicaciones en el parto. El pueblo lloró sinceramente la muerte de aquella mujer que tanto había sacrificado por los suyos y que, desde entonces, nunca olvidarían su coraje, valor y solidaridad.

Su propia hermana Pilar, en cierta ocasión alabó con estas palabras a María de la Consolación: «Dichosa tú, pues has cumplido con todas las obligaciones de la Religión y la Patria y el amor a la que nos dio, además del ser, educación tan cristiana y ejemplo de todas las virtudes que tan bien has sabido practicar.»

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