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Espiritualidad
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El dolor provocado por el racismo une a los jóvenes católicos en EE.UU.

JOURNEYING

Chucho Picón

Jesús V. Picón - publicado el 04/08/22

Entrar en contacto con jóvenes de otras etnias que sufren lo mismo, y experimentar cómo Jesús no rechaza a nadie por el color de su piel es una de las claves de la pastoral juvenil en EE.UU. Journeying Together, el evento que reunió a los principales líderes juveniles católicos de seis diferentes familias culturales y étnicas en suelo estadounidense, fue todo un éxito en este sentido

Jóvenes católicos hispanoamericanos, nativos americanos, afroamericanos, angloamericanos, asiáticos y refugiados coincidieron en un solo espacio. Después de dos años de trabajos vía virtual, por fin pudieron mirarse a los ojos, cruzarse en abrazos y estrechar sus manos. Fue durante el encuentro Journeying Together, celebrado en Chicago a finales de junio.

Durante los días de este encuentro, los jóvenes de las seis familias culturales pudieron participar en las diferentes actividades, comer juntos y dialogar sin importar el color de su piel ni su procedencia. Su identidad, es decir, su fe católica, por un momento se convirtió en un solo ADN; les permitió compartir incluso importantes testimonios del dolor que han vivido al ser discriminados o lastimados en diferentes ambientes, momentos y circunstancias históricas. 

Pero, a pesar de los momentos emotivos donde compartieron su sufrimiento, los jóvenes también pudieron reír y coexistir en un clima de paz y de unión; podían caminar y convivir en un lugar seguro; y donde la fila para confesarse tenía la diversidad de los rasgos físicos de cada familia cultural.

Las Misas se pintaron de colores, dibujando un ambiente multicultural donde los idiomas se unieron en un solo lenguaje: la Palabra de Dios en su Evangelio de Amor. 

Aleteia estuvo ahí presente, respirando el ambiente de celebración y unidad, y pudo entrevistar a algunos de los participantes y también a sus organizadores.

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Soy Carolina Pérez, nací en la ciudad de Chicago, mis papás son del estado de Michoacán, tengo 27 años y estoy trabajando en la pastoral universitaria, en una universidad que tiene la espiritualidad vicentina.

-¿Qué ha significado para ti volver a estar en un Journeying Together?

Cuando recién empezó la pandemia fue un poco difícil, pero fue un tiempo bonito para reflexionar y crecer espiritualmente. Una amiga me mandó el enlace para asistir a Journeying Together, y desde entonces he pensado que éste es un espacio muy bonito para conectar con personas de distintas partes del país y diferentes etnias. Fue una bendición escuchar sus testimonios y dialogar acerca de los obstáculos y los momentos difíciles que han pasado. Esta comunidad ha sido un gran apoyo y ha dado mucha luz.

-¿Cómo ayuda esta experiencia de Journeying Together en la pastoral universitaria?

Empecé Journeying Together antes de mi trabajo en la pastoral universitaria, en donde tengo estudiantes de diferentes culturas, pero la mayoría son hispanoamericanos. Entonces, conforme voy avanzando, voy conociendo a otros. Escuchar los testimonios de los jóvenes en este encuentro ha sido importante porque muchos de ellos son de las edades de mis estudiantes, y así podré entenderlos mejor. 

-¿Cómo has vivido este evento multicultural?

Los testimonios de los nativos y de los black african american son los que, para mí, han resaltado, porque a ellos, por el simple hecho de ser parte de esa comunidad, los juzgan, pues primero ven el color de su piel.  Poder escuchar su testimonio fue importante. 

Existen también personas que al mismo tiempo son indígenas y católicas, y están felices de decir que ésa es su identidad, y la viven de acuerdo a su cultura. Un espacio como éste ha sido esencial para ellos, y así sabemos cómo podemos apoyarlos, cómo podemos caminar juntos y pedirles perdón no sólo de palabra sino también con acciones. 

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Mar Muñoz Visoso, directora ejecutiva del Departamento de Diversidad Cultural de la USCCB.

-¿Cuál es el balance de Journeying Together ahora que se han reunido de manera presencial?

Estamos en el momento de la culminación de un proceso en donde hemos podido ver, discernir y juzgar; y ahora vamos al momento del actuar. Hemos aprendido a comunicar, dialogar y evaluar lo que tenemos en nuestras raíces y en nuestros valores, así como lo que podemos aportar en nuestra Iglesia, en nuestra cultura. Tuvimos el proceso de diálogo intercultural que, al mismo tiempo, estaba liderado por una familia cultural. Ha sido la oportunidad de hablar, de escuchar aquello que les afecta (racismo, discriminación),  y, tras discernir las lecciones aprendidas como comunidades interculturales, de hacer un plan para la acción: ¿Qué hacer para que el apostolado sea inclusivo, que forme y que salga a buscarlos? 

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Joven hispana durante el encuentro Journeying Together

Algo muy bonito que se ha visto, después de dos años de pandemia y encuentros virtuales, es que nos pudimos abrazar y saber que tenemos objetivos comunes: queremos que todos los grupos tengan acceso a educación y justicia; queremos construir una Iglesia en donde todos tengan un lugar en la mesa y donde los valores de todos sean bien recibidos y no descartados. 

Cada uno de nosotros hemos sido colmados de dones y talentos que podemos poner al servicio de la comunidad. Todos y cada uno tenemos una dignidad de hijos e hijas de Dios. 

-¿Los hispanos no son los únicos que han padecido las diferencias en este país?

Así es. Los nativos y los afroamericanos también han padecido y, no entiendes cómo, en nuestra Iglesia y en la historia se le ha dicho a otro ser humano: “Tú vales menos”. Este proceso nos ha permitido darnos cuenta de que en todas partes ha habido procesos de lucha, de discriminación. Pero también tenemos muchos puntos en común. A pesar de todo, lo que nos une es nuestra fe. Debemos preguntarnos: ¿Qué estamos haciendo para dotar a esos jóvenes del impulso misionero? ¿Qué necesitan para ser discípulos misioneros de hoy? 

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Mi nombre es Esmeralda Peña y tengo 25 años; nací en Chihuahua, Chihuahua, y vivo en Tyler, Texas. 

-¿Qué ha significado para ti Journeying Together?

Ha sido un encuentro verdadero conmigo misma, con las personas de mi comunidad y las personas de otras comunidades que nos acercan verdaderamente a Cristo. El poder salir de una zona de confort y tener un encuentro con los demás me permite reconocer la comunidad en Cristo y saber que solamente así puedo tener una experiencia genuina. La Iglesia somos todos, entonces, Journeying Together ha sido un verdadero encuentro.

-¿Qué has sentido al ver en los pasillos tanta diversidad cultural?

Al entrar a Misa y ver tantas caras diferentes, tanta riqueza cultural de los grupos étnicos, me causó nostalgia. Qué hermoso es que seamos uno, y que sintamos y nos conectemos hacia un mismo fin, que es Dios Trino.

-¿Cómo ha sido escuchar los testimonios de otros grupos y darte cuenta de la persecución y discriminación que sufren?

Las diferentes sesiones me ayudaron a ver la particularidad del sufrimiento de cada uno de nosotros y, especialmente, en la parroquia en la que estoy, que es mayormente hispana. Puedo ver que podemos sanar juntos y puedo reconocer sus dificultades y ser herramienta o puente para ayudarlos a ellos y que ellos puedan ayudarme a mí.

-¿Qué te llevas de Journeying Togethery cómo lo vas a aplicar? 

Una mente mucho más abierta; un deseo de salir completamente de mi zona de confort; una experiencia personal hermosa, pero que no se queda conmigo, sino que me ayuda y permite salir de mi caminito tan estrecho al encuentro de los demás, lugares y personas, que no tenía idea ni la necesidad de hacerlo. Me llevo el corazón de cada persona que voy conociendo y me llevo mucha motivación para seguir trabajando para Cristo. El Cielo va estar lleno de diferentes culturas, colores y rasgos.

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Alejandro Aguilera Titus, miembro del Comité de Asuntos Hispanos de la USCCB y coordinador nacional del V Encuentro

-¿Qué balance haces del Journeying Together?

Mucho entusiasmo, en el sentido de que, por dos años, las personas se reunieron vía Zoom; pero estar de cuerpo presente es algo completamente distinto. Los jóvenes y los adultos han ido tomando cada vez más protagonismo y todas las familias culturales están muy bien representadas.

-¿Cómo ha funcionado el estar en un solo lugar, pero lleno de diversidad cultural?

Es entusiasmante. Estar en el mismo espacio es otra manera de interactuar; y los jóvenes que participaron se prepararon, y a los nuevos se les dio orientación, y todos estaban en la misma sintonía. La participación fue muy buena y tuvimos sesiones de acción pastoral en donde discernimos qué acciones tomar, porque aquí no se acaba Journeying Together, sigue a nivel local con un proceso, con acciones personales y de grupos, y con procesos nacionales.     

En términos generales la experiencia fue muy positiva, y toda la diversidad de lenguas, de razas y de expresiones se vio como un don, como una gran riqueza. 

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Miembros de la comunidad asiática

-¿Qué realidades se pudieron descubrir?

La interacción en Journeying Together fue muy intercultural. Por ejemplo, los grupos de acción pastoral son muy diversos; todas las familias estuvieron representadas y se habló de realidades difíciles, pero también de sueños, de los cambios que les gustaría ver en la Iglesia o de los cambios que ellos quieren hacer realmente. Fue un proceso profundo de escucha. 

Los hispanos pudimos expresar nuestro sufrimiento, sueños y esperanzas, pero también escuchamos y aprendimos de los demás, y eso nos hace más conscientes y solidarios con los otros. 

-¿Qué compromisos se llevan?

El proceso de acción pastoral que se ha desarrollado está basado en que identifiquen; por ejemplo, en el área de la formación: ¿Qué quieren ver en la Iglesia en un futuro? ¿Cómo se puede lograr? ¿Qué vas a hacer tú para que se logre? El “qué vas a hacer” se analizó a nivel personal y a nivel de grupos que tienen conexión geográfica para que haya proximidad. También se plantearon proyectos con dimensión nacional.

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