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El escritor católico, la Iglesia y el problema del pecado

THE POWER OF GLORY,GRAHAM GREENE

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Jaime Septién - publicado el 22/07/22

El escritor Graham Greene y el recuerdo de una conversación que tuvo con san Pablo VI, quien había leído El Poder y la Gloria

Desde que escribió Brighton, parque de atracciones en 1937, Graham Greene fue «descubierto» por la crítica literaria inglesa de entonces como un «escritor católico». Sin embargo, Greene se había convertido al catolicismo en 1926, y ya había escrito varias novelas como católico.

El hecho no deja de ser interesante. Greene nunca había hecho «una novela católica» en el sentido en que la mayoría entiende por «novela católica»: algo que tiene que ver con las buenas obras, el sacrificio, el desinterés y la santidad. En suma, algo que tiene que ver con la bondad cristiana (muchas veces envuelta en algodones y ángeles tocando el arpa).

Por esos años Greene se definió mediante una fórmula que sigue siendo utilizada por muchos escritores, periodistas y artistas católicos del mundo occidental: «Desde la publicación de Brighton, parque de atracciones muchas veces me he visto obligado a declarar que no soy un escritor católico, sino un escritor que además es católico» (Vías de escape, Barcelona, 1980).

La definición (o defensa, según se mire) de Greene se basa en un párrafo de san John Henry Newmanen su libro La idea de la universidad:

Afirmo, por la naturaleza misma del caso, que si la literatura ha de ser un estudio de la naturaleza humana, no puede existir una literatura cristiana. Es una flagrante contradicción intentar una literatura sin pecado acerca del hombre que peca. Puede construirse algo muy grande y elevado, algo más excelso que todo lo escrito hasta ahora y, cuando se haya logrado, se descubrirá que no es literatura en absoluto.

Poco después de Brighton, parque de atracciones, Greene fue enviado por un periódico inglés, como corresponsal, a México. Iba a investigar los resabios de la persecución religiosa de Plutarco Elías Calles que derivó en la Guerra Cristera (1926-1929) en los estados del sureste mexicano (Tabasco, Chiapas y Campeche) donde persistía la persecución a la Iglesia.

Detrás de esta experiencia está uno de los libros más famosos de Graham Greene: El poder y la gloria. La historia de un cura pecador y borracho que es perseguido por la policía y que termina entregando su vida por las almas que quiso salvar a través de su ministerio errabundo, dislocado y lleno de amor al mártir del Calvario.

GRAHAM GREENE
GRAHAM GREENE Aparentemente fue un converso reluctante, pero el escritor, católico comprometido, tenía una necesidad intelectual más que emotiva de unirse a la Iglesia. Tras muchas discusiones teológicas y grandes razonamientos, se sintió en el deber de seguir esta fe.

En esta novela –y en el reportaje que tiempo después publicó sobre México y que intituló Caminos sin Ley—Greene confesó que en este escenario brutal, comenzó a examinar con más interés el problema de la fe en acción. Esto al tiempo que descubre «cierta fe emocional en las iglesias ruinosas y vacías de las cuales habían expulsado a los sacerdotes, en las misas secretas de (San Cristóbal) De las Casas, oficiadas sin el campanilleo del Sanctus y en la fanfarronería de los pistoleros».

Después de la publicación de El poder y la gloria el Santo Oficio condenó la novela porque era «paradójico» y exponía «circunstancias extraordinarias». Y Greene escribió sobre esto: «El precio de la libertad, aún dentro de la Iglesia, es la eterna vigilancia». Y agregó algo fundamental:

…pero me pregunto si cualquiera de los estados totalitarios, de izquierda o de derecha, con los que se ha solido comparar a la Iglesia de Roma, me habría tratado con tanta suavidad cuando me negué a revisar el libro, arguyendo casuísticamente que los derechos de autor estaban en manos de mis editores. No hubo condena pública y el asunto pudo sumirse en el apacible olvido que la Iglesia reserva sabiamente a las cuestiones sin importancia.

Finalmente Greene recuerda una conversación al respecto que tuvo con san Pablo VI quien había leído El Poder y la Gloria. Le dijo el escritor al Papa que el Santo Oficio la había condenado:

—¿Quién la condenó?

            –El cardenal Pissardo.

            Repitió el nombre con una sonrisa forzada y agregó:

            –Señore Greene, sin duda hay partes en sus libros que pueden ofender a algunos católicos, pero no debería prestar demasiada atención a ese hecho.

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