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«Too many drugs» o la pasión por el ser

RIGOBERTA BANDINI

Rigoberta Bandini

Feliciana Merino Escalera - publicado el 17/02/22

Rigoberta Bandini y su estribillo existencial: “¡Ven a bailar, ven con tu espíritu!"

Pocas veces encuentra uno en el panorama musical contemporáneo, temas que aborden el drama humano de un corazón que sigue latiendo, aunque no entienda muchas cosas.  Too many drugs, de Rigoberta Bandini, es una de esas canciones que uno no se cansa de escuchar, porque hablan de cómo nos percibimos a nosotros mismos.

En esta canción, la autora explora la dificultad para alguien que desea mirar todo desde el espíritu, cuando se siente continuamente acechado por los males o seducciones del mundo. Una melodía muy metafísica, o más bien profundamente existencial, acostumbrados como estamos a no hablar de las cosas que nos suceden en nuestro interior, de lo que nos preocupa, de las confusiones que nos llegan del exterior, de las modas, de las formas de acallar la sed de verdad que todos tenemos dentro.

Too many drugs: podría traducirse en todo aquello con que tapamos nuestro deseo de ser. Vivimos en un mundo que nos vende todo tipo de fármacos para la evasión: el consumo, ansiolíticos para esconder el dolor, mundos y personajes virtuales, el dinero, el ego, la publicidad engañosa… drogas para el espíritu que tapan la verdadera pasión del hombre: el anhelo de que el espíritu nos inunde. La pasión por el ser.

“No tenía ganas de saltar una vez más

Me quedé de lado sin saber reaccionar

Son muchos años buscando aquí la felicidad o el despertar

Y es que ningún lugar es el erróneo, ¿qué más da?, todo andará

Pero mi cuerpo está tan harto de tambalear”.

Buscamos la felicidad, pero ¿a qué precio?

Queremos amar y ser amados, vivir en un mundo que cante que estamos hechos para la eternidad, deseamos “bailar” desde el goce de sabernos queridos, agradecidos con la vida. Sin embargo, nos sentimos atraídos por montones de falsos ídolos que nos hacen sucumbir a esa gratitud original por estar vivos. Se trata de seducciones, distracciones, una especie de vagabundeo de nuestro centro cuando se ha separado del ser, del espíritu, de la realidad. 

Queremos despertar, pero no sabemos cómo. Todo andará, todo irá bien. Hay una voz dentro de nosotros que nos dice que no temamos, que todo irá bien, estemos en el lugar que estemos. Hay alguien que nos ama en toda nuestra finitud, en nuestro límite, que nos dice: No temas, porque yo estoy contigo. No estás solo. 

“Too many drugs, muy poco espíritu”, amamos las drogas y amamos el espíritu. Ese es el gran sufrimiento del alma, atrapada en las mil caras de un mundo que no muestra ninguna salida. ¿Cómo mantenernos en pie? ¿Cómo conservar la esperanza de que el espíritu nos sostiene cuando tenemos la experiencia de saltar una y otra vez  al vacío? 

“Y me voy, sigo el camino

Nos vemos ahora a las seis

En el café

Me voy, ahora hablaremos de que todo estará bien

Tomando un té

Y a las seis debatiremos sobre qué es lo que hay que hacer para crecer

Me voy, todo está bien porque es que siempre estuvo bien

Y estará bien

Me voy, sigo el camino y con mi ego ya veré cómo lo haré

Me voy de aquí, me voy (ciao)”

El ego, la soberbia, es lo que a menudo nos impide salir de la zozobra o del caos existencial. Vivimos lidiando con una imagen de nosotros -o muchas- que nos fabricamos para que otros nos quieran y pinchen el like correspondiente, pero sabemos que no somos eso, sabemos que solo el Amor rompe el espejo en el que nos miramos. “Porque ahora vemos como en un espejo, veladamente, pero entonces veremos cara a cara; ahora conozco en parte, pero entonces conoceré plenamente, como he sido conocido” ( 1 Corintios, 13:12). 

Deseamos ser, ser en plenitud, ser llamados por nuestro verdadero nombre. Queremos crecer. ¿Vivimos en un continuo engaño negando que no todo está bien para no dejar salir la verdadera naturaleza de nuestro yo? ¿O más bien reconocemos que todo está bien porque todo estuvo bien en el origen y todo estará bien al final de los tiempos? Qué esperanza tan grande saberse confiado en esta promesa de bien, de luz, que hace que toda nuestra historia sea una historia de Amor.

Las cosas participan de un Misterio más grande y por ello podemos decir “todo está bien porque es que siempre estuvo bien y estará bien”. Nuestro mal y nuestros errores derrotados por el Amor, que nos acompaña siempre y nos espera al final del camino.  “No existe el mal, solo hay espíritu”, dice Bandini. No es que no exista el mal, pero ansiamos que no nos determine, que no tenga la última palabra, que no se quede a vivir en nuestro corazón, porque el espíritu es lo que irradia en él. 

“Y es que yo siempre intentando entender

Cosas que tienen que ver con el ser

Y es que yo siempre intentando soñar

Y al final todo reside en mirar

Que dentro yo tengo un palacio real

Lleno de cuartos donde patinar”.

Una canción que no esconde las preguntas del ser humano

Nos cuesta entender cosas que tienen que ver con el ser, como de dónde venimos, qué o quién nos sostiene a cada instante, hacia dónde vamos, por qué estamos tristes y por qué soñamos. Y al final todo reside en mirar. 

Este cambio de la mirada requiere de un camino, un camino que nos haga vernos como palacios reales, bellos, con un valor infinito, no reducible a ninguna de las promesas mundanas que nos venden los adalides del estado del bienestar. Seremos capaces de patinar, de soñar, o  de errar en la dirección, pero si todo reside en mirar, podemos estar ciertos de que el Ser, aunque misterioso e incomprensible del todo, se derrama en nosotros a través de su Espíritu. No estamos solos. Atrevámonos a mirar y a mirarnos bien, a disfrutar del don que es la vida, sagrada y maravillosa. “¡Ven a bailar, ven con tu espíritu!”.

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